Uno de los pilares fundamentales del Estado de Derecho es la igualdad ante la ley.
La norma es clara: la ley debe aplicarse a todos los ciudadanos por igual, sin importar su apellido, su cargo o su cuenta bancaria.
Pero existe un mito muy extendido: la idea de que las personas con poder político, económico o social reciben un trato más benevolente por parte de la justicia.
¿Es realmente así?
El mito de la impunidad de los poderosos
Como explica Ignacio Estradé en uno de nuestros vídeos de TikTok, esta creencia es un mito parcial.
¿Por qué?
Porque si analizamos grandes procedimientos judiciales y macrocausas, encontramos numerosos ejemplos de personas con enorme influencia que han sido investigadas, juzgadas y condenadas.
Casos como:
- El caso Nóos
- El caso Gürtel
- El caso de los ERE de Andalucía
demuestran que la justicia sí alcanza a personas con alto poder político, económico y social. Nadie ha quedado fuera del proceso por su relevancia pública.
La otra cara de la realidad: el acceso a la defensa
Ahora bien, negar una realidad sería ingenuo.
Las personas con grandes recursos económicos pueden invertir en defensas jurídicas muy complejas, con equipos amplios, peritajes especializados y estrategias procesales de alto nivel.
Esto no significa que estén por encima de la ley, pero sí puede tener un impacto positivo en el desarrollo del procedimiento:
- Mejor preparación técnica.
- Más capacidad de análisis probatorio.
- Estrategias procesales más sofisticadas.
La diferencia, por tanto, no está en la aplicación de la ley, sino en los medios disponibles para ejercer el derecho de defensa.
Igualdad ante la ley no significa igualdad de medios
Este matiz es esencial para entender el sistema judicial.
La ley es la misma para todos, pero los recursos para afrontarla no siempre lo son.
Por eso es tan importante:
- El acceso a la justicia gratuita.
- La calidad del turno de oficio.
- Y el compromiso de los despachos con la justicia social y las actuaciones pro bono.
Porque una justicia verdaderamente justa no solo debe ser imparcial, sino también accesible.
El verdadero inicio del Estado de Derecho
Ignacio Estradé lo resume con claridad:
El Estado de Derecho empieza cuando nadie está por encima de la ley.
Cuando la ley deja de aplicarse por razones de poder, influencia o dinero, deja de ser justicia y se convierte en privilegio.
En Estradé Law Firm defendemos una visión clara:
la justicia debe ser igual, firme y garantista, pero también consciente de las desigualdades reales que existen en la sociedad.
Porque la ley es de todos. Y solo funciona cuando lo es de verdad.

